Del libro sagrado de los sueños…

A: Soy espejo en letras, rasantes versos agolpados en el tintero de un estante vacío pero lleno de cacofonía.

T: Me leo del otro lado. Ese por donde quieres elevar los tiempos y tocar lo inexplicable. Ese donde se oye el eco de un inteligente ser.

A: Construidos en la mentira del papel y la firma sagrada, desde niños   cobijados en el techo del cielo pequeño nunca supieron del mar

T: Las ciudades ansiosas desbarataban el suceder con sus leyes. Los hombres ahora huían de la verdad. Un silencio inundó las calles.

A: Sumidos en la palidez del espejo con ruido blanco el reloj de arena se  desmoronaba.

T: Demasiados rostros inertes por el color de las aguas, el sonido del tiempo marcaba y el mundo moría de a poco.

A: No hay costura resistente para roer el reloj de tus labios

T: No se puede borrar lo que va tejiendo el tiempo en las partes altas del beso que detiene el hielo del final cíclico.

A: Ella me llamó solamente con el verso atrevido de su indexada poesía con el deseo en tierra de Soles eternos y Lunas inquietas.

T: Él me intenta desde su parte poética girándome el sol a mis espaldas y eclipsándome los besos con su luna.

A: Del piano aprendí que entre cuerdas también los colores son todo el posible de tus letras abultadas en la pasión.

T: Él toca su guitarra, tú pintas en la mente, quizá nada, aquél nos observa, yo escribo embelesada del arte de estar de ellos rodeada.

A: Mientras siga latente la sangre coronando mis dientes no habrá tregua para arder desde dentro.

T: Quizá el muerda mi cuello mientras ellos miran a lo lejos. Derrama el vino lento sobre mis labios noche. Ven a mis gemidos lentamente.

A: Habrá siempre letras para fabricar alas de espejo y en el dorado nos veremos.

T: Creo que ya no podré escribir. La música responde y su mirada eleva el sentir. Vuela conmigo del otro lado, voy a él, a mi canto, al cielo.

A: Con letra roja se puede tapizar los sueños y hasta los miedos suenan mullidos la compañía nunca duerme hasta el amanecer.

T: Lo que él escribía empezaba en alfombra roja para que ella caminara descalza con los miedos ya sin ser. Un búho la seguía, y el renacer.

A: En la puerta del libro y como siempre a la misma hora resuenan amantes de versos y sonetos desnudos.

T: Se reparten las letras del día. Ellos con la investidura acorde en sus insistencias, ellas en el atuendo frágil y apasionadamente fértil.

A: Desde el mismo andén cada uno toma su especialidad para llegar a letra firme y aunque se vean lejos son el mismo espejo del deseo,

T: Ella viajaba en trenes por diferentes libros. Él lo hacía en barcos por diferentes bocas.

A: Hablamos de una tierra cuando todas son iguales en el mal del hombre, no hay mujer tampoco vástago que resiste cruenta batalla.

T: Llora la tierra secuestrada, de las lágrimas corren poemas, una mujer cae pecho tierra, su hijo no se sabe si volverá. Se duele el mar.

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