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La mañana despertó desnuda, a solas con sus luces,
aún estábamos vivos después del Safari,
olíamos a paz en el oasis, solo el viento
logra inquietar la espalda y se encrespan
los recuerdos con sabor a sudor fresco.

Recogemos nuestros cuerpos en un abrazo
a la orilla de la cama, somos todo ese fragor
descubierto, sutil y perenne, como la piel,
después del descanso busca empezar,
sientes mi respiración escondida en tu nuca.

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Beso tus cabellos hundiendo mi boca, aún
el aroma de la noche produce cadencias
en mi respiración, en mis movimientos,
un fuerte estremecimiento se apodera,
tu voz de poesía declamada gime un susurro.

Tu boca canta la noche en una descriptible
armonía y traes en tus brazos los gestos,
tus caderas oscilan con mis manos, somos
un pasaje que no olvida el andar del alma
por sobre las acaloradas disputas del cuerpo.

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8 comentarios sobre “Desnuda cuatro – parte uno

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