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”No sabíamos si esa niebla estaba para protegemos y alejar a los turistas indeseables o simplemente para olvidarnos de nuestra propia existencia.”

 

Junio 24

Mientras recordaba eso y veía como la media noche iluminada por la luna fui sorprendido por los vigilantes, temía correr el mismo destino de mi hijo, encerrado en alguna prisión, un fuerte golpe recibí para hacerme callar y perder la conciencia, sólo escuchaba sus tambores y cantos ininteligibles, aún oscuro sólo cantaban sin cesar, hacían rondas para no dejar de cantar y adorar seguramente a la niebla siniestra, a medida que me recuperaba del fuerte golpe me di cuenta que todos estaban reunidos, vestidos con sus mejores atuendos alrededor mío y sobre un trono mi hijo y Topanga.

Ambos coronados y felices, junto a ellos los padres, jefes de la tribu, legendarios guerreros se sucedían el poder dentro de la reducción, al contrario de lo que yo suponía, cedían sus armas en pos de comandar a su pueblo por el camino de la paz junto a los peores enemigos de su histórica vida, decían que bastante mal teníamos que soportar con la niebla para ellos mancharse las manos con nuestra sangre. Entendía que éramos aceptados por el total de los de la tribu, sin embargo sentía que no todo estaba bien y traté de acercarme a Joseph pero de principio me fue negado.

Se acercaron los padres de la novia, Topanga y Joseph, me invitaron a entrar a una choza adornada, al parecer de los futuros esposos, ahí y por intermedio de mi hijo pude entender todo lo que sucedía desde la noche de madrugada cuando fui descubierto, ellos habían descubierto el origen de la niebla y por qué actuaba ensañándose con nuestro poblado, habían escrituras recientemente develadas y tradujeron para tener idea global de cómo evitar seguir dividiendo a estos pueblos tan distintos pero ya destinados por siglos a permanecer unidos, todos esos cantos eran ruegos para detener esa maldición.

Todos los prejuicios que teníamos guardados por siglos como hijo de colonos y como todo el pueblo tuve que tragar uno a uno, sobre todo cuando perdí a la madre de Joseph, eso jamás lo demostré cuando nos visitaban sobre todo en el bar por trueque y luego los veía emborracharse, siempre esperaba a que volviera a sus estudios fuera del pueblo y llorar la ausencia, pero esos tiempos pasaron empolvando el amor que llevaba bajo siete capas azules de tristeza y decepción, por él la vida tenía sentido y el color de sus ojos y sobre todo de su piel mate me la recordaba todos los días de mi existencia.

Así fue que partimos al acantilado a espaldas de la reducción india, estaba lejos, desde ahí nacía y provenía la niebla, nos tomó horas llegar junto a los mayores de la tribu, el chamán o médico brujo, sus padres, los novios y yo, la niebla nos reconoció usurpadores y envió fuertes vientos, luego, al vernos decididos nos azotó con lluvia, aguas corrían bajo nuestros pies y por último una estruendosa pirotecnia de truenos, rayos y relámpagos, pero, había que continuar, faltaba poco en ese pedregoso camino, el instinto nos guiaba y la fuerza de la niebla oponiéndose a nuestro cometido.

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3 comentarios sobre “Niebla Parte 4, Junio 24

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