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"No sabíamos si esa niebla estaba para protegemos y alejar a los turistas indeseables o simplemente para olvidarnos de nuestra propia existencia."

Junio 25

Estamos en el acantilado, no sabemos qué hacer, nos giramos hacia el médico brujo y de inmediato empezó a recitar los pasajes recién descubiertos que pretenden detener la niebla y su sed de sangre, mientras Joseph traduce me voy enterando de un laberinto de imposiciones a quienes osen cruzar ese umbral de magia sobrenatural, uniendo antiguos embrujos de paz lograban dar pistas de como avanzar hacia el origen y aún así nadie estaba preparado para las siguientes pruebas, primero deberíamos bajar y estar a nivel del banco de nubes,
una vez ahí serían revelados nuevos pasajes.

Nos tomaría todo el día descender hacia las bases del acantilado, y así fue, improvisamos lianas de enredaderas que bajaban por la roca, un intrincado de trenzas naturales nos ayudaban, y ellos sentían que los dioses habían puesto en su camino todo el devenir, según yo éramos víctimas y ellos unos privilegiados, estaba clara la cuestión de la fe en los aborígenes, en la medida que pasaban las horas y el cansancio se hacía evidente, algo se sumó a nuestra expedición, retazos de niebla con forma humana se acercaban y asechaban en un dialecto antiguo.

Solamente mi hijo lograba dilucidar en parte lo que murmuraban y nos advertía ignorar a esos fantasmas, según el brujo eran ayudantes que escapaban de la niebla para guiarnos en la bajada y asistirnos una vez allá, pero lo cierto es que daba pavor verlos acercarse y pretender que no existían, aún en pleno día había una sombra sobre nosotros y mientras más cerca estábamos de llegar el sol parecía alejarse de esa zona rocosa, así fue como sin darnos cuentas llegamos a la base, comenzamos a avanzar, sin ver más allá, donde reinaba la oscuridad anticipando desde ya lo que venía, la densa niebla.

Sin embargo había algo en esa humedad, sabor a piedra recién quebrada, se podía respirar el amor que alguna vez conocí y aún así el miedo de esos tiempos envolvía toda esa hermosa y oscura niebla, advertí que todos estábamos en una especie de trance con esa fragancia de agua intensa, el brujo solamente volvía a recitar una y otra vez los cantos antiguos junto a los nuevos, Joseph y Toponga cubiertos por un halo dorado repelían cualquier intento de ese rocío espeso, sus padres lucían henchidos con la visita de sus ancestros así rendían homenajes y caravanas, ella estaba aquí, volvía el aroma de su piel a mí.

Exhaustos decidimos acampar antes de perdernos en la total oscuridad, los aborígenes se las ingeniaron para hacer una fogata al centro de las improvisadas carpas, así la niebla se alejó de la luz y el calor, nunca funcionó los pasados años en que probamos todo para evitar su sangriento cometido, año tras año seguía llevándose aleatoriamente doce pueblerinos, hijos de los fundadores de nuestro maldito pueblo, nada sirvió y ellos tenían esa protección de la cual jamás pensamos pudiese servir sin deshonrar a Dios, además con el paso del tiempo nos sentíamos unos parias, sin ley y la única seguridad, la muerte.

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Un comentario sobre “Niebla Parte 5-2, Junio 25

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