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"No sabíamos si esa niebla estaba para protegemos y alejar a los turistas indeseables o simplemente para olvidarnos de nuestra propia existencia."

Junio 25

Amanecía y la niebla se disipaba, volvía a su origen, la paz envolvía nuevamente nuestra pequeña expedición, improvisada, sin la expertiz de los alpinistas y menos proveídos de las herramientas necesarias para conducirnos con seguridad entre las rocas, la fe es un motor invisible e indivisible dentro de esta mixtura de personajes, era minoría mi fe religiosa desde que perdí a mis padres y la madre de Joseph, pero él tenía las creencias de dos mundos y sólo ver sus ojos recargaba mi alicaída alma, pude seguir gracias a que él creía sólo en mi, su padre, su ídolo y la gratitud de ser buenos amigos.

Todo este ambiente me traía a la memoria esa noche, el frío que nos inundaba, nervios o miedo, que sé yo, la palidez de mi rostro embobado, ella y su larga cabellera, sus ojos buscando en el suelo mi osadía, cuando logré acercarme ya eran mis manos desnudándola y ella vibraba en cada paso dado, ambos sentíamos esa sensación de traspasar el abismo y sabíamos por ese tipo de inteligencia inexplicable, hacíamos lo correcto al dejarnos llevar por los sentimientos que afloraron una sola vez en nuestras vidas, sin embargo ella estaba prometida por sus padres para matrimonio y contravino todo.

Pero esa noche no nos preocupó nada de eso, éramos solamente los dos, buscándonos el alma en una mirada, esa aprobación que el cuerpo ya asentía, nos desnudamos y comenzamos a olernos, buscábamos ese aroma del alma impregnada en la piel, una especie de antorcha develando el porqué de su encendido aceite y luego las bocas prendieron todo a su paso, una mecha camino a la pólvora que estaba en todo nuestro cuerpo, jamás habíamos sentido algo parecido y nuestras voces al unísono aprendieron a hablar en una sola lengua, mientras ellas danzaban se buscaban dentro de la boca, el alma nos latía.

Ella era piedra de río, suave y lozana, solamente se abrió con los aullidos de la noche y ahí supe, también era manantial, ese sonido del agua buscando su cauce y arrodillado puse mis manos para agradecer y beber, de su causa yo era un fin, en su lengua decía, lo que su cuerpo me avizoró, era tormenta tenue pero incesante, como trigal en época de cosecha, extendía sus brazos y el dorado de su pecho desplegaba todo el alimento en que se convertía su cuerpo y fue oro ante mis ojos cuando con el asombro del minero te veía extendida como yacimiento, brillabas en mí y yo no sabía nada más que amarte, llama encendida.

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Un comentario sobre “Niebla Parte 5-1, Junio 25

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