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“No sabíamos si esa niebla estaba para protegernos y alejar a los turistas indeseables o simplemente para olvidarnos de nuestra propia existencia.”

Se sucedían bajas entre los indios que no soportaban las heridas infringidas por la lluvia de sangre y el círculo defensivo se reducía más y más, mientras en la iglesia el párroco instaba a sus creyentes en la de de Dios, con una frase de despedida, hermanos, abandonen el odio hacia los pueblos originarios y junto con ello, también apiadense de las almas que se llevó la niebla, Amén, todos en coro repetían ese último deseo, saliendo reconfortados después de una hora de súplicas y perdón, esa mezcla de rabia y desazón, orando y anhelando sea ese un mejor año para recuperase de las grandes heridas en el alma de los descendientes de colonos. Ubs vez todas las familias afuera lograron ver por primera vez una tormenta en la reducción indígena, rayos y ases de luz atravesaban con gran pirotecnia la gran niebla, sus colores cambiaban desde rojo a gris y vuelta al rojo intenso, mareas de grandes nubes iban y venían, especies de tornados se lanzaban a tierra, produciendo violentas explosiones, además ases dorados rompían la niebla que se veía disminuida y vuelta a reunir, parecía atacar a los indios, decían todos los que presenciaban el espectáculo. Los guerreros eran diezmados y ya quedaban solamente los jóvenes y una garra de fuerzas bajaban del cielo reportando nuevos arcos y un sinfín de doradas flechas, atacaban y eran inmediatamente expulsados en espiral por los aires, soportaron más embates de la niebla hasta lograr ir despejando el  cielo, así les pudo acompañar el sol creando una barrera de luz y calor, apenas tocaba la niebla era descompuesta en vapor. Así comenzaron a avanzar en formación junto a Joseph, Topanga, los padres y últimos jefes, junto a Umi y yo, ese escudo de los chicos era una demoledora luz, no paramos hasta llegar al acantilado y ahí sin darnos cuentas éramos secundados por todo el pueblo sobreviviente, al verlos me emocioné y les grité, el amor y la unión parece ser lo único a lo que le teme esta maldición, luchemos juntos y haremos de las nuevas generaciones un sólo pueblo, amado y respetado mutuamente. Conmovidos todos se tomaron de las manos y avanzaron, al centro mi hijo y Topanga, un fulgor jamás visto reducían la niebla hasta llevarla al filo del abismo, ahí cantamos y rezamos por la unidad de los pueblos, el sol nos apoyaba con su esplendor, y luego de muchas luces y estallidos desapareció en las profundidades del abismo la niebla.

Días después nos casamos con Umi y vivimos juntos a Joseph, Topanga y toda la comunidad de bravos guerreros, la historia fue cambiada para siempre entre ambos pueblos.

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Un comentario sobre “Niebla, Junio 26, Medio día, parte dos final

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