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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Cuando ella te hacía llegar al paraíso era un pedazo entre velos de su alma, agitados, sólo querían seguir paseándose en su cuerpo y ni siquiera correr las cortinas de la pieza, esa oscuridad reproducía los lados perversos que todos tenemos y ella tomaba tu mano la llevaba a lo más profundo del mar donde los peces acariciaban tus dedos, luego querías arrancar de ahí y cobijarte en la luz del zaguán donde una tropa había pagado fortunas por ver la luna en su piel. Se hacía llamar Selene y mucho se especulaba de cuando se inició, era tan joven para saber tanto de hombres y como dominaros a tal punto de hacerlos llorar, de felicidad, de miedo o de haber alcanzado el nirvana sin saber cómo volver ahí a no ser por su voz, su espíritu animal encantador de lobos, los envolvía, silenciaba sus ojos y danzaba desnuda sobre ellos, nada la detenía.

Todo era armonía en la familia, su padre enseñó como son los de su especie y ella anotó en su cuerpo cada detalle inescrupuloso y revelador pero él se fue joven, y como su madre siempre tuvo asco y envidia por la vida que llevaban padre e hija, Luna sabía cuál era su destino, con eso debió marcharse de casa, dejar estudios y esa sarta de profesores babosos, de ellos aprendió que los intelectuales tienen a flor de piel al anverso de su chaqueta un látigo, esposas y un dilatador, ya los conocería en persona, por ahora buscaría trabajo y no sería difícil con su tez de leche, rubios cabellos y metro setenta de estatura y aún creciendo, a sus casi quince parecía más bien de veintiuno, suficiente para trabajar, luego estaría trabajando para pagar una pensión al otro lado de la ciudad y evitar toparse con lo que quedó de familia, todo iba bien incluyendo los clientes amorosos, hasta que llegó alguien a ofrecer un mejor empleo y quintuplicar sus entradas.

Fue motivada por el dinero y esa irrefrenable deseo de mostrarse tal cual a ella le gustaba cuando pasaba horas exhibiéndose desnuda para los vecinos mirones de las casas colindantes en su antiguo barrio, su padre la conocía y la dejaba ser libre. Apenas desarrollo sus abultados pechos y las caderas asentaron su paso a la adolescencia fue la fascinación de todos sus compañeros de colegio, aún cursaba grados menores cuando fue castigada por el profesor de canto al no desabotonar un poco más su blusa para que cantase mejor, según él, sin embargo ella no comentó la reales motivaciones del castigo.

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3 comentarios sobre “De Luna a Selene parte uno

      1. La esperaré, disfruto mucho leer esta faceta tuya, cada personaje y situación a detalle los dibujas en el pensamiento, y el suspenso de que sigue…mejor aún …

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