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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

Joe tenía el poder del dinero en sus bolsillos y no fue difícil crear un concepto nuevo en su local, pateo todo ese antro, sucio, oscuro, rompió cortinas con sus propias manos y a medida que entraba la luz del día, más asco le daba el olor al alcohol, el humo pegado a las paredes, también rajó el papel con restos de todo lo que puedas imaginar donde el sexo era obligatorio, momento y lugar sólo se definían por el grueso de tu billetera y no de tu miembro. Tomó las sillas y con ellas una a una las partió sobre las mesas de vidrios, una fineza para repartir y jalar cuanta mierda entrara por las narices, intoxicado con Luna seguía rompiendo todo. No se sentía sorprendido o angustiado por lo que estaba haciendo, había un plan en su mente que necesitaba de toda la luz posible para representar en ese espacio, ahora muerto por las mismas manos que pidieron construir cuando se iniciaba en el mundo del entretenimiento para adultos.

Las chicas que a esas horas siguen durmiendo después de tanto “trabajo” despertaron asustadas, sin saber que pasaba una a una fueron apareciendo y horrorizadas arrancaban con lo que traían puesto, siempre era poco pero les bastaba para entender que todo había terminado con Joe y ellas. Sin antes arrasar con todos los lujosos atuendos de los que se sentían pagadas por tan abuso al que habían sido empujadas a vivir bajo ese maldito lugar.

Todo sería con los colores celestes y blanco adornando el local, como él no sabe muy bien, encarga a una diseñadora que se quedó en los setentas con la poética de esa década para darle las luces y colores necesarios a paños, alfombras, piso, ventanas, cortinas, hasta el mobiliario sería mandado a hacer para él exclusivamente, además quién volvería e esos años luego de saber cómo terminaron, así empieza una nueva era, en cosa de una semana tendría todo habilitado y como los cambios son internos nada de papeleo para aumentar las arcas del condado con sus sobrecargos de impuestos, a lugares de mucha concurrencia nocturna.

Él sabía que todo cambiaría en ese lugar, podría llegar a las altas esferas de la sociedad, esa gente ha de tener su lugar escondido para hacer lucir acá y endemoniarse como lo hacía él en su inundada mente con los senos de Luna. Bajos sus trajes la ropa interior es igual de sucia una vez fraccionada el alma entre la billetera y el oscuro sentimiento por el cual pagas para cumplir a cabalidad y con la vorágine que te corroe desatar todo el fulgor de cada oscuro deseo, latiendo, manchando cada prenda de vestir por más tintorería traiga puesta y perfume de sobra empape lo que ya se bañó de mierda carnal. Ya sentía una convicción jamás antes vista en sus años de hombre del negocio sexual, esto sería lo máximo.

Es increíble como estableces grados de indecencia aún mejor que tus antecesores y sin embargo por falta de cultura, estás dando el primero paso aparentemente y así acercarte a la magia de Calígula, digno de recordar si queremos dar jerarquía a la perdición humana.

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Un comentario sobre “De Luna a Selene parte seis

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