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La conocí en la calle, dueña de una esquina, su poder iba más allá de su entrepierna, donde todos pagaban por gobernar y aún así eran esclavos de sus placeres.

El momento había llegado y aunque su padre jamás alcanzó a ver el monstruo creado, debería estar extasiado por el grado de Diosa que ya poseía. Se presentó en el remozado local de Joe y su mirada contemplaba todo con gran magnificencia, parecía estar encantada con su nueva casa, acompañaban a los colores base, celeste y blanco, ribetes dorados, las mesas de brillante lacado, reflejaban el cielo, un mar de estrellas podías ver cuando las cortinas hacían la magia de emular la noche, y Selene parecía aceptar todo. Al centro de la barra una pasarela también dorada y un conjunto de caños daba el ambiente preciso y claro de quienes serían los privilegiados de este majestuoso centro de eventos artísticos para adultos, Joe consideró dar un verdadero giro con ese nombre, ahora todo sería bajo la ley y nada lo hacía más feliz al ver a Selene como empezó a llamar apenas apareció en las puertas y el brillo del sol resplandecía su silueta, dando un carácter angelical, delirante, sencillamente invencible.

El show debe continuar, las entradas están repartidas, han hecho llegar invitaciones a todo el mundo influyente que pueda dar un voto de confianza al nuevo giro de un reconocido mal vecino de la ciudad y bajo este nuevo emprendimiento redimirse, congraciarse con los moralistas de todos los estratos sociales, está prometida la visita del mismo Mayor, un señor contrario a todo tipo de evento masivo y menos de esta índole, sin embargo llegan todos. La expectación se agranda cuando las luces bajan al centro de la barra y entre medio aparece completamente disfrazada una mujer, el brillo de su atuendo sólo acrecienta más la incertidumbre, todos creen conocerla, quieren descubrirla y ella se desliza entre los caños, pasando por encima de las copas de quienes anticipadamente habían pagado.

Sus piernas de una finura digna de mujeres europeas, sus caderas dejaban entrever la delicadeza de una diosa y sobre su plano vientre se esculpían grandiosas y colosales, una majestuosidad que en su andar movían los pantalones de todo varón por lejano que estuviese, si, eran pechos hermosos en volumen, ese contoneo excitante, besaban el aire en puntas, disparando la algarabía de los más privilegiados, esos consabidos y encubiertos hombres cultos, de letras algunos, docentes bien pagados, directores de empresas, hasta jueces. Todos escuchaban la atenta presentación de Selene.

Selene, hija de dioses griegos se consagró para iluminar la noche de esta ciudad, después de esta breve introducción la música de Nessum Dorma, muy clásico para un local comienza a sonar debajo mismo de la pasarela y sus caños paralelos, ella desmonta su capa y ahí todos pueden certificar la hermosura de su cuerpo, ese sabor a deseo transpirando por el maquillaje, la blancura de sus piernas perfectamente estiradas aumenta la testosterona en estos hombres que estaban a punto de desbordar, apenas termina la música todos aplauden a rabiar y lanzan billetes que se mezclan con serpentinas desciendo desde el cielo.

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Un comentario sobre “De Luna a Selene parte siete

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