Jezebel, no sabía tu nombre hasta que desperté
En el ébano de tu piel,
roce tus labios hasta morder carne sabor a miel
fue ahí donde me encontré
buscándote en otras sombras
riéndome de los pobres del bar
soñando con tus caderas a la luz de las velas

Jezebel, no sabía dónde vivías y a ti llegué,
tu invitación era deseo inundando mis narices,
mi garganta seca de tanto besarte,
arrastrado, tus piernas hacían una cruz con ellas,
dónde perderme mejor que entre tus pechos,
desde ahí podía comerme hasta las estrellas.

Jezebel, no sabía dónde empezaban tus pies,
si eran en mi boca o entre mis dedos abarcándote
conocí tus rodillas empujándome, sintiéndome,
adivinando lo que querías me lanzaste a la cama,
con un shhi en tus ojos, me desnudé
ahí comenzó la noche a brillar, deliraba la Luna
que a toda costa nos quería ver,
así es que también la consentí.

Jezebel, no sabía que la luna te hacía ver sublime
tu piel me hablaba de amores duros y fríos,
tus gemidos anunciaban el perfecto recorrido,
de tus entrañas era un hombre desconocido,
te nombre todas las horas y entre mis brazos
nos hundimos con el sol a espaldas del amor.

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