Temporera

Fuera agua de uva en tu pecho,
latieras a borbotones de la tierra,
fecundaras el mar con tu calma
dando a luz el anunciado otoño.

Mas no eres eso,
sólo haces posible
que así sea.

Un dios bajó y besó tus manos,
no eran suaves cortando la parra,
ásperas como la tierra antes de tu arte,
es más, huías de su interrogante.

Y dijo: De haber un Dios en la tierra,
que ama, siembra, protege y cosecha,
todo lo que sus manos abarcan, jamás,
tendrían este aspecto humilde y hermoso.

Me rindo ante la vida prodigiosa,
he jurado proteger la vid y tú mujer,
eres cada gajo colgando, enardecida
gloria de amor y entrega, eres el fruto.

La concepción misma,
la divina providencia,
la cautela junto al cuchillo parralino,
la ahuyentadora de las garúas
y el frío mata siembras.

Ella cuaja la luna sobre un sartén,
desayuna estrellas sin cortar,
revuelve juntas y sirve al amanecer,
cuida desde la raíz hasta las hojas.

Los ojos del cielo te han mirado,
el hombre moderno sólo sabe de dinero,
para ti es agua entre las manos,
el abono de la tierra lleva tu nombre.

Extranjera

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Danzaba en una novela desconocida,
de letras atrasadas en su papel,
sus necesidades son artificiales,
todo explota a sus pasos descalzos.

Nada era un todo de risas revenidas
bajo el abrigo agitado de la pared,
donde apoya las selfies convencionales,
todos se preguntan que no hicimos.

Su cárcel de cristal dulcemente revestida
de palabras frías y cortantes, oropel,
ante los ojos del sol y sus excepcionales
conciencias, juramos por el amor.

Caminar juntos de la mano, ahora la vida
sabe de lo que somos, este carrusel
nos trae de vuelta donde antes, a raudales
reímos, desde siempre, desde que te vi.

Llamas

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Te estoy amando en las llamas del día, la aurora se ruboriza con mi lengua de fuego en tu piel de cielo, se derrite la oscuridad de la madrugada y los árboles se prenden sus ramas cuando deshojo tus pechos, te pareces al otoño sólo por eso.

Amo tus ojos encendidos cuando imitas a la boca de la noche y tragas todo mi sol, sabes que ardo dentro, contigo mirándome y degustando cada rayo de luz eyaculando, gimen la tierra, los árboles y se tuercen mis manos toman tu cabello y pido más.

Cada mañana con su día se revuelve el escozor y la pasión, con ambas manos en unas jarras llamadas cuerpos, somos frascos incandescentes, vibrantes, que esparcidos en camas extensas nos hacemos parte del espasmo que recorre las espaldas.

Día, ven con tu sexo de veinticuatro horas y azótanos como árboles miedosos, lame nuestras heridas que llevamos siendo noche solamente tierra en otras almas que nunca tuvieron la intención de germinar corazones después de tanta fagocitosis amorosas.

Tiempo

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Hoy tuve tiempo
y me bajé del planeta,
ayudé a una planta crecer,
detuve mi automóvil.

Mire la lluvia en cada gota,
acechaba un nido,
salve ruiseñores,
secando sus alas.

El día era frágil,
lave con barro sus ojos,
el sol supo brillar
aún con ese pesar.

Cielo, te miro
lienzo semipintado,
tu celeste lo vuelvo a escoger,
de una bandera, allende Los Andes.

Ahí te bañe infinito,
mil colores hechos agua
de mar, arrojados al todo que inundas,
las sales parecían estrellas.

Estabas en el oro de todo,
en mi yo detenido, contemplativo,
dibujado en mis canas,
ese frío del alma desaparecido.

Historia de amor, el sol, diez de Enero

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El sol se regocijaba entre nosotros,
latía un rayo de bocas sembradas,
éramos el amanecer del día, el nuestro,
en la transparencia de nuestras miradas.

Surgíamos en cada nuevo beso, íntima,
era la conversación de los labios,
un fiel pedazo de alma hecho carne,
nos pertenecía ese día en anchura.

Éramos hambre egoísta de amor,
la piel se corregía en cada sensación,
un camino dibujado en las manos
era el mapa perfecto acoplado al sol.

Ese día se cuela en mi poesía, nace,
crece, perdura y se trasforma, vuela,
a veces nos mira con un “pronto”,
sabemos que llegaremos puntuales.

Instagram XXIV

Casi olvido del todo subir esta entrada que dedico siempre los sábados.

Deseo esos hermosos dedos tuyos afinando mi piel, dijo ella.

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Las sábanas escriben su propia historia sobre nuestros cuerpos.

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Te espero en casa, dije. Llegaré con chocolate y un millón de te amo, dijo ella.

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Su cuerpo, vasija para mi alma. Me vierto en ella, hermosa liquidez.

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Volar

Yo quería volar sobre ella,
ser la sombra engulléndola
el ave regresando del vacío
con el hambre del cielo,
la quería sola, egoísmo nuestro
abriendo sus alas, sus brazos,
pintar sus pechos con un millón de bocas.

Hacer en su vientre un concierto
al aire libre y arder los maderos,
prendernos fuego a contra viento,
desafinar en las notas risueñas,
ahogar cada tecla en tus caderas,
montar un espectáculo pirotécnico
con el juego de los colores en las manos.

Desnudos, si desnudos, rozarnos,
sentir el pulso hundiendo el letargo,
chuparnos dulces, almíbar de cuerpos
devorados en una cama de algodón,
volver a la adolescencia de los sentidos,
jugar a escondernos en nosotros,
sin contar hasta tres, salir y darnos un beso.

Dibujarnos y rompernos en ese instante,
lanzar acuarela sobre los recuerdos,
ser de oro y plata, fundir los metales
con sus ejes de sangre y volar como antes
cuando éramos ángeles cantando al amor,
soñar que era cierto este sueño sideral,
volver a cerrar los ojos y despertar.

Luz

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Dima Rebus - watercolour artist

Beberé de la luz
como falo lumínico
de saciedad,
ya sea leche o cal,
dejaré seco el faro
hasta mis entrañas
arderán de bondad.

Cerraré los ojos
para evitar la ceguera,
esa salpicadera fotosensible
dejará un reguero,
marcas de primera,
la sabiduría en las comisuras,
babeando de luz.

Bajará por el mentón,
hinchará mis pechos
de preciosa luminosidad,
arderá la garganta por fuera,
con un nido en el ombligo,
goteará su cauce,
hasta el hartazgo sexual.

Toda hinchada
como el papel, que,
da vida a esta obra,
surgiré real, con esta lengua
atravesando un mural,
en tus ojos de poema,
también seré letra.

Islandia

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Nacen donde un pedazo del paraíso
fue vertido sobre el mar color carbón
y las lenguas hambrientas
del hombre del frío.

Unidos a fuerza de las olas de fuego,
de ciertos escollos de la naturaleza
nacieron sus montañas.

En cada hondonada
el agua de los deshielos
forjó ríos de color piedra y musgo.

Nadaban contra el viento
los caprinos y bovinos inocentes,
su carne alimentó a marinos
y el mar dio de comer a la nación.

Pero eso es historia
triste entre sus libros,
sólo huesos quedan
de esas ballenas
de fábricas y faenadoras.

Su mundo se sostiene
en el eco de sus voces
y un Rimur defiende
la cultura de sus próceres.

Notas de acuarela

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Margaret Bergart

Dejé en alguna parte el papel
allá lejos los colores, tristes,
se hicieron camino, encontrarse,
fue difícil para ellos, objetos.

Luego los vi, forzándose con ayuda
del viento y algo de agua, felices,
volcándose los más débiles, ellos,
supieron ganar al rojo o al amarillo.

Sus líneas nacieron después, raíces,
dicen que serán flores para Margaret,
ahí se formaron dulces amapolas,
las más tristes eran todas delicias.

No necesitaban agitarse al viento,
ya eran creación única e imperecedera,
en la memoria de ese corto día,
donde nacieron las más bellas.