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Te estoy amando en las llamas del día, la aurora se ruboriza con mi lengua de fuego en tu piel de cielo, se derrite la oscuridad de la madrugada y los árboles se prenden sus ramas cuando deshojo tus pechos, te pareces al otoño sólo por eso.

Amo tus ojos encendidos cuando imitas a la boca de la noche y tragas todo mi sol, sabes que ardo dentro, contigo mirándome y degustando cada rayo de luz eyaculando, gimen la tierra, los árboles y se tuercen mis manos toman tu cabello y pido más.

Cada mañana con su día se revuelve el escozor y la pasión, con ambas manos en unas jarras llamadas cuerpos, somos frascos incandescentes, vibrantes, que esparcidos en camas extensas nos hacemos parte del espasmo que recorre las espaldas.

Día, ven con tu sexo de veinticuatro horas y azótanos como árboles miedosos, lame nuestras heridas que llevamos siendo noche solamente tierra en otras almas que nunca tuvieron la intención de germinar corazones después de tanta fagocitosis amorosas.

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6 comentarios sobre “Llamas

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