​Despejé la mesa y volamos juntos sobre ella,

en el raulí improvisado atril,

junté sus manos en mi boca y besé el arte hecho piel,

nada nos impedía dibujarnos corazones.
Abrió mi pecho con sus labios de pincel,

emergió bermellón primero, luego rojo,

mi sangre era su óleo y navegó todo mi cuerpo,

al son de una música de “Song for Eli”.
Estiró sus brazos y me cubrió de su color,

”la vida no es color de rosa, pero juntos

será color de amor”, me dejé embriagar

por el olor de la pintura fresca, sus manos.
Volvió al centro de la mesa, se encogió temerosa,

había dado todo en este cuadro, era su ópera prima

y me debía a sus ojos, a su corazón, a sus deseos,

bailé pintado por su boca sobre su piel.
Navegué los silencios interrumpidos

por los gemidos de la tela al braceo

de mi lengua hasta los relieves de su pecho,

un corazón latía entremedio de dos.
La pintura se secaba en nuestras bocas,

fluía amor por las gargantas, rugían colores

entre los orgasmos de un beso feroz,

hundidos en nosotros mismos el amor.
No te guardes nada para mañana,

estará muerto al amanecer,

los dioses no saben del futuro,

no quieren el silencio y menos la nada misma.

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2 comentarios sobre “Cartas para ella, parte dos

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