​Ahí, donde la roca es tu almohada,

cómo ahogas tus pesadillas

si la roca no sabe de llantos

sólo de golpes y quebrantos.
Ahí, donde la piel se aja y escuece

buscando la respuesta al dolor,

los colores se nublan y destiñen,

no logras reconocer tu cabello del suelo.
Ahí nace la oscuridad de tu alma,

escribiendo en la nada sobre todo,

ahí mueren las intenciones por bonitas,

sonríen con sus dientes de piedra.
Ahí recogo semillas de soledad

repartidas por sus ojos cerrados,

no quiere más frutos de piedras

en latitudes fueras de su corazón.

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