​Tengo que verla desnuda,

sus ojos acusando vergüenza

ondulaba su vientre

paralelos brazos a la cadera.
Sus par de clavículas, triángulos,

descansan los hombros dorados

el color de la piel es único

hasta llegar a su vientre.
Cerca de su ombligo, un abismo,

nadie se rescata de sus caderas

te mueres por delicadas, sencillas,

ahí la vida es otro triángulo.
En esas piernas nada se esconde,

exhibe su sexo, un beso la sonroja,

eres parte de una escena delirante,

no huyes más que de tu mente a su piel.

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