Estaba nervioso el sol ese día, era tarde y no se atrevía dejar,la comodidad de las montañas, la suavidad dulce del celeste emergente.

El asfalto de la calle temblaba,podía sentir al paso de los neumáticos, un rechinar de dientes, los semáforos, viajan en verde por donde pasaba.

Cada parquímetro en domingo duerme, cierran sus bocas traga monedas, languidecen metálicos y estáticos, “en tu espalda desolada el frío misterio”.

Las paredes de los hoteles hablan entre ellas, anuncian sus pasos, los timbres del ascensor, sus manos al abrir las puertas dejaron marcas, como ese día en nuestras vidas, recién comenzaba.


Continuará más tarde…

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