Las castas

Se mezclan con la ralea

exuberante de las hembras,

extienden sus dotes

al interior de las plebeyas,

coitos retorcidos, esparcen

su casta siniestramente,

acéfalos y enloquecidos,

yerguen sus coronas duras.


Todo el oro parece cubrir

cada eyaculada intención,

luego de sus juergas interminables,

escupen fuego ante sus doncellas,

casi inmaculadas, desfloradas sin amor,

sin pasión, sólo una parte del juego.

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