Luciérnagas

Había luciérnagas en el aire, eran pequeños soles alumbrando las hojas, acercándonos, jugaban a unir ramas con su parpadear de vida y revuelo, nos sentíamos cobijados en medio de la noche por su naturaleza lumínica, bailaban al golpeteo del viento entre nosotros, nos regalaban un espectáculo de inocencia pirotécnica.

Qué seria de nosotros sin ellas, ese camino invisible se transformaba y sus luces en código Morse nos escribían versos de media luz cuando no estaba la luna entre nosotros, volaban rasantes y se explicaban exaltadas de tanto amor, nuestro verdor las atraía de tal manera y dormían juntas para esperar al señor sol y dejarnos a salvaguarda.

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7 comentarios sobre “Silencio, parte cuatro

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