Las bailarinas ensangrentadas se despiden [reverencia], los príncipes dotados de adminículos se presentan con la noche y el hambre a sus espaldas [temen por su virilidad fragmentada], nosotros miramos con el silencio acostumbrado, las luciérnagas vuelven a escena. [aplausos]

Acto segundo



A qué jugamos siendo inmóviles espectadores,

no surge nada bueno de la quietud de las almas,

acaso seremos leña para los sobrevivientes,

semillas esperando el germinar del sol.
El viento lleva siglos empujándonos y nada,

nos dimos vuelta tarde o nunca será temprano

para ser la excepción y miramos de frente

en vez de observar el amor en él horizonte.

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