Teníamos el alma entregada

antes del diez,

nos conocimos como los desconocidos,

sin rostro, sin voz y sin saber qué nos sucedía,

nos escribíamos a diario, primero,

reconociendo nuestras heridas,

las cuidábamos para no mostrarlas frescas,

ese día fue distinto,

éramos por fin cuerpo, alma y besos.

Antes del diez todo era probable,

no vernos, no alcanzarnos,

ni siquiera la posibilidad de oírnos,

nos habíamos encontrado hasta sin internet,

la manera de conocernos sería a ciegas,

llegar y tener la fortuna de mirarnos en persona,

reconocernos tal como en las fotos,

tal como en los vídeos, y,

aunque los colores son distintos,

nos fiamos del alma y el instinto,

los besos del cuerpo unido al alma, fe.


Fuimos tantos besos como segundos,

respirar, mirarnos, volver a besarnos,

tocarnos, abrazarnos y luego,

como nunca, como lo habíamos soñado,

juntar nuestros labios y devorarnos,

como nunca habíamos recordado,

porque siempre pensé en quedarme estático,

mudo del alma, de las cuerdas vocales,

porque ese día los besos hicieron historia.

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2 comentarios sobre “Historia de amor, en cuerpo, alma y besos, diez de Enero

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