Pregúntale al polvo

Esa orilla sucia

donde dejas tu ropa,

cuelgas todo ahí,

tu piel, tu ropa interior.

Deslizas con tus dedos,

no sacas un céntimo

sólo apartas lo justo

dejando espacio a tu suciedad.

Humedeces tu mente

con la punta de la vanidad,

te abres a ella y crujes,

un gemido cálido, el polvo.

Te llenas las entrañas,

esta vez, sacudes el polvo

desde los ojos y brillas,

pregúntale al polvo cómo te veía.

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