Yo vi luces en cada paso que daba,

el rizado de su cabellera, oro castaño,

podías respirar con su sonrisa,

porque apenas te mirars, congelabas.

La delgada línea de su entallado corazón,

hacia latir mares por aplausos,

desde el silencio de mis sueños, danzaba

alegre de saberla, admirándola, única.

Me quedé embobado en sus manos,

pues era yo quien volaba con ella,

este viaje entre sus pasos seguros, derritiendo

a todo aquel que por aplausos no se quedaba.

Pude despertar de este desfile, su figura,

era el ingenio en mi mente, ella aún danza,

descalza para mi asombro entre rosados,

entre blanco y sus corazones alegres.

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