Diez de enero, mi déjà vu favorito.

Mientras recorría Santiago, el asfalto besaba los neumáticos del vehículo, ese calor de su boca y nuestros labios eran una autopista.

El Sol besaba descaradamente los vidrios de cada edificio en frente de su magnitud ineludible, amanecía en sus ojos, reflejos cósmicos.

Todos los semáforos dieron verde y su piel me dió rojo, aún así no detuve la marcha cuando la besé, tenía la señal de aprobación en su pecho, derecho.

Los transeúntes / espectadores / mirones, podrían haberse besado, pegados a los parquímetros, haciéndole el amor al tiempo.

Ese día los minutos eran segundos y mi mano derecha en su espalda infinita, aún la textura del tiempo nos lleva a recordar.

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2 comentarios sobre “Historia de amor, poema surrealista dos, diez de enero

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