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Apollonia Saintclair

 

Pensando y recordando todo el esfuerzo de estos años me había hecho olvidar el camino o cuánto tiempo llevábamos en carretera o cuánto nos faltaba por llegar y aunque era de noche, el paisaje me era familiar, las colinas a las afuera de la cuidad, la salida principal cubierta de álamos que servían a la vez para delimitar las hectáreas de uno u otro propietario, no alcanzaba a ver lo que indicaba el Gps del conductor pero la vocecita española repetía los escasos kilómetros que me separaban de la única y extravagante entrevista de trabajo.

Antes de llegar a lo que parecía una entrada principal el vehículo se detuvo y desvío su camino, lo supe por la chica del Gps que insistía en decir “recalculando”, inmediatamente comenté al conductor que había un error, respondió de manera automática, — esas son mis órdenes joven  — y me dejó en una puerta chica, no había nada más que barro y aunque fue dificultoso avanzar logré llegar a lo parecía más la parte trasera de una gran mansión. Había mucho movimiento ahí, personal de distintas actividades se reunía para recibir las últimas instrucciones de un señor vestido de impecable smoking.

Levantó la mirada entre tanta gente y dirigiéndose a mi dijo, — llega tarde joven, pase a los camerinos y se cambia por favor no querrá ser recibido así, luego sube al estudio y espera a que lleguen por usted. Sin entender mucho la vorágine vivida a esas horas de la noche asentí y guiado por un señor canoso entre por un pasillo indicándome la puerta de acceso a la habitación o camerino. El lujo llegaba hasta el mismo cambiador, habían varios tipos cambiándose y usaban un traje muy similar al mío, ahí quedé desconcertado, cuántos más vieron el aviso de empleabilidad y qué oportunidad cierta tenía contra estos tipos, parecerían dedicarse a cuidar su estado físico, me armé de valor y pregunté a viva voz  — ¿todos ustedes vienen a la entrevista de trabajo?  — después de un silencio frío,  se largaron a reír.

Una voz por altoparlantes avisaba con nombre algo exóticos la salida de cada uno y hasta cuando anunciaron mi profesión, — El traductor  — al estudio ahí lo esperan. Había perdido mi portafolio cuando se llevaron toda mi ropa sucia y uno de los prospectos al verme contrariado se acercó y dijo en voz baja — acá saben todo de vos — advertí el acento porteño y me dije, esto va de mal en peor, hasta extranjeros vienen por una oportunidad, ha de ser buena la paga. Salí esperanzado de hacer una excelente presentación de mis cualidades y habilidades para el manejo de la lengua según el origen de ella, era claro que debía demostrar si quería quedar en este empleo. Subí por unas hermosas escaleras con balastros de exquisito diseño y entre abierta estaba la puerta que afuera indicaba ser el estudio.

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Un comentario sobre “Curriculum Vitae parte tres

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