Pertenece al álbum The Dark Side Of The Moon, editato en 1973

Corría el año 1973 por mis venas, una autopista lejana y rápida me llamaba. Tomé la salida y con el sol a mis espaldas aceleré, para perderme entre el cielo despejado y la carretera, el calor en el asfalto aún podía hacer del auto una psicodélica imagen. Las velocidades jugaban en mi mano derecha, tenía ganas de que se olvidaran de mi por un tiempo, un siglo o una década, sintonicé la radio y los sonidos de una banda nueva para mis oídos hacia su presentación, un piano tranquilo y unas manos sabias daban el compás inicial, ya había tomado la pista más veloz, parecía una película lenta con final feliz, esa suavidad al acariciar las teclas blancas y negras causaban en mi lo necesario, tenía hambre de paz, del viento borrando mis recuerdos, del sol quemando algún pensamiento dormido en la nuca, nada y todo a la vez, ustedes deben saber qué se siente cuando todo es una insignificancia del tamaño de un edifico, en ruinas. De pronto aparece una voz femenina y todo se vuelve hacia ella.

Recuerdo cuando nos conocimos,
un gran concierto en el cielo empezaba,
los ángeles gritaban tu nombre y nadie más hablaba,
miles de cupidos lanzaron sus flechas y por un momento
la oscuridad me pareció hermosa, una a una iban dando en mi pecho,
en mis ojos, me sentía morir, desangrándome aún estando de pie,
inmóvil con el susurro sordo en mis oídos, “ámala, ámala, ámala ya”.
Bailamos, primero con los ojos, ese ritmo de las pupilas,
cada detalle nos encandilaba, luego sincronizadas las manos se tomaron
y todo pareció brillar aún más, destilábamos luces, nada nos podría separar en esta vida,
abrazados y perdidos entre la boca y la garganta,
un grito emanaba de nuestras entrañas, ardíamos de locos,
otro beso más y seríamos orgasmos vocales,
el silencio no existía mientras nos mirábamos con el alma.
La cadencia del sol se apoderaba de nuestros instintos, éramos salvajes,
podíamos atravesarnos una vez más, más profundo y no notaríamos la diferencia,
escribíamos con las manos, con los dientes cada suceso feroz, nos mordíamos,
cada gemido era una puerta abriéndose, batiendo nuestros sentidos, dentro y fuera,
si quedaba algo vivo era la perturbadora sensación de estar aún más vivos,
no había límite más que la muerte dolorosa, sanguinaria del amor
Esa vez fue la última, imborrable, un orgasmo nos cubrió,
nuestro fin era amarnos y al principio nos confundió con gestos de sinceridad pueril,
pero ahí estábamos en la paz, honesta,
con los ojos gastados de tanto mirarnos y mirarnos,
embelesados por el oro que nos vertían en la piel,
tu respiración aún caliente quemaba mi boca,
te aferraste a mis labios antes de cerrar los ojos y no volver más a cruzarte en mi camino.
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4 comentarios sobre “The Great Gig In The Sky

  1. “..con los ojos gastados de tanto mirarnos y mirarnos”. No sé como le haces para tratar el tema del amor erótico, sin que se te acaben las frases, ni las palabras. Pareces una fuente sin final.

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