Matthieu Bourel

Un día Matías despertó con la misión más importante de su corta vida, y les dijo a sus padres, — voy a practicar en la alberca (pileta, piscina) mis saltos ornamentales para la próxima competencia escolar — ellos acostumbrados al amor que tenía su hijo por ese deporte, alentaban con un — ¡¡bravo Matías!!, sin embargo ellos no sabían el trasfondo de esa natural frase.

Días antes había practicado hasta tarde cuando la luna era la única testigo de sus esfuerzos en pulir cada detalle, giros en el aire, voltereta hacia atrás, triple salto mortal y zambullida, entonces y sin percatarse la Luna se había agrandado más y más para verlo mejor, de cerca y ella sin darse cuenta alteró el orden normal de las aguas, una vez enfilado a sumergirse golpeó su cabeza contra el fondo de concreto, pálido y ensangrentado murió.

La chica selenita tiene culpas de amores desde que tenemos registros escritos de aquello pero un niño, era de dimensiones dolorosas y esa noche hubo desórdenes en todas las costas del mundo, comenzó a llover donde nunca cayó una gota y las embarcaciones huyeron a alta mar donde una a una de hundieron sin dejar rastros siquiera de su existencia existencia, al amanecer y en otra parte del mundo, alejados de este mayúsculo dolor una gitana le pedía un niño a la infértil mujer mayor.

Al otro lado del mundo una gitana pedía por un niño, ajena al dolor de todos los deudos y sus lamentos ensordecedores, entre conjuros esta mujer mayor también lloraba por su seca vida y la luna observaba esta oportunidad plateada.

La llevó a donde estaba inerte Matías y con sus instrucciones acogió entre sus brazos la gitana, le cantó en su lengua y llevando a su pecho firme le dió un gran beso en la frente, se sintió la respiración de quién revive del ahogo, tan profundo fue el resoplo de la Luna que hasta el mar descansó y la piscina volvió a llenarse.

Quedaron flotando y en breve estaban en la orilla, así como volvió a la vida no supo que había sucedido, la gitana alegre le hablaba pero nada entendía y antes de un pestañear la Luna devolvió a esta mujer a sus tierras, entonces Matías escuchó a la Luna, la cuál preguntaba con paciencia, qué recordaba del salto a la alberca y dijo así:

Continuará…

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3 comentarios sobre “Trampolín dos

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