La tengo en mis brazos, deslizo mis dedos por su cabellera oscura y sonríe en sus sueños de paz, la tranquilidad de su respirar marca los segundos, su piel brillas y los delirios del día descansan.

— Me pides te la entregue ahora que duerme, puedes ver sus ojos cerrados y transmite calma, esa sedosa luz reflejo de su compañera fiel.

— Extiendo mis brazos haciendo equilibrio y así no interrumpir la suavidad de este momento, entrelazamos la mirada y al unísono la dejo en tus brazos.

— Se inquieta un poco y las estrellas bajan su luz, la Luna comienza a mecer el cielo y la noche da un gran suspiro.

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