​Bebió sin hartarse

lamiendo su contenido,

los bordes aún dulces

atesoró en su lengua,

la muerte del elixir

conoció un sólo camino,

su garganta autopista

al infierno sensorial.

Esperó ver llenarse

ese intento acuoso 

de desborde natural,

un abismo autocontrolado

riéndose del borde en apuros

esa tentación de derrame,

salpicadera efervescente

manantial inminente.

Tomó la copa con ambas manos,

hasta acercar a su cara, el aroma

invitaba a llenar los labios, entumecidos

por el delirio advertido, excesivo celo,

roció desde sus ojos cerrados, sintiendo

la contundencia del envase, fino y elegante,

en la cúspide de sus pómulos posó

por largo rato, este ritual empezaba.

Bajó entre sus apretados dedos, la copa,

más bien parecía un premio en sí,

una oportunidad única, inolvidable y febril,

y aunque nadie la miraba sólo un espejo,

gesticulaba tal cual frente a cámara,

en todos sus ángulos la copa enaltecía,

sus actos, sus poses, ese estatus de estrella,

reina de ese instante mágico acercándose.

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