Acudíamos a lugares prohibidos a escuchar palabras nuevas y sin vendaje

– pensamos en las drogas como parlantes –

– fumamos más que nuestros padres a escondidas –

– queríamos ser grandes antes de haber vivido –

Y lo logramos, cada uno a su manera…

Nadie nos dijo -tampoco íbamos a escucharlos-

Qué sabían ellos de nuestros sueños, de nuestras historias por escribir.

– más bien les enseñamos a ser insolentes, primero con nosotros, para luego sentarse a vernos brillar a tal punto que en su ceguera generacional dimos dos pasos adelantes, aún cuando había nada bajo de nuestros pies, fueron nuestros poetas muertos los que asfaltaron la noche con alcohol y la bruma de los millones de cigarros oxidaron nuestros pulmones y llenaron de nicotina nuestras mentes.

Las calles vacías y frías en el invierno parecían poemas sin escribir, los ebrios y perdidos eran las comas o los acentos, la sangre derramada para arrancar a la vida, esta locura llamada poesía, nos sentamos a proponer al sol cómo serían nuestras tertulias, épicas, diáfanas, edificantes, y sin embargo, hicimos lo mismo que todos, nos enloquecimos ante lo desconocido, nos burlamos de los ciegos y en apneas dos vueltas de vida, algunos terminamos acabados y olvidados como los borrachos.

A dónde las letras sirvieron al papel para envolvernos / silenciar nuestro aullido / a dónde las flores eran hombres, bien o mal vestidos / pero siempre atrevidos como los jóvenes / callé como todos / con una bala en las sienes / dentro de la boca humeante / también escribí eso / también me perturbe como el primer policía / desenfundé un Whiskey y lancé la maldita droga delante de todos.

Un trago, un cigarro, un par de párrafos / ¿ quién sigue ? / ven desnúdate / ya lo dijo Allen / sublime es tu sexo porque de él no he escrito / mis pelos en la lengua / también se trascriben en las noches / cada aullido vacío / perdurará esta generación / también los bolsillos ardientes / nos traicionaron las ambiciones / las mismas de nuestros padres que nos querían trabajando / con ellos / bajo ellos / sodomizados sin amor / revolcándonos en sus camas.

Ahora un montón de actores nos emulan con sus andrajosas almas y cantan nuestras palabras sin saber que gracias a ellas son estrellas, de sus noches sin miedo, de la música entrabada en los textos, ese palpito sincopado y exagerado de los oyentes famélicos que iban a sus sesiones de escape y religión.

Continuará, cuando lea más sobre esos maestros: Allen Ginsberg y Williams Burroughs

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3 comentarios sobre “Beat…

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