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Llega la segunda noche en Santiago y aún debes sentir calor, esta especie de sol impregnado en los materiales de construcción refleja todo lo guardado del día y es feroz cuando entrada la noche el calor concentrado fluye y moja tu piel, y aunque nos dimos una ducha hace un par de horas, ya tu piel no la recuerda, es más exudas olvido de frío y sólo quieres volver a bañarte, extrañas tu clima, extrañas tu cama, sin embargo, eres la positiva del grupo y levantas animo estando a punto de desmayar por el acarreo de antes de almuerzo, lo sé y recuerdo porque conversamos.

A esta hora las calles iluminadas otorgan otro color a Santiago, te recomiendo salgas a cenar a la calle Cumming, recuerdas la vez anterior cuando olvidaste tu chaqueta de cuero y yo iluso llamé y creí estaría ahí, olvidaba que en Chile algunos objetos caen al triángulo de la desaparición instantánea, una especie de unidad en donde todo se desintegra para nunca más aparecer, tiempo después uno de los encargados luce un similar pero más gastada, un regalo de un amigo que viene a visitarte, casualmente de Mendoza,  Córdoba o Río Cuarto, pero bueno, eso es pasado.

Por favor no lleves nada de valor.

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