Cómo se conquista un corazón, cuántos besos bastarán, dónde dejas tu vida después de hoy.

Una hora y un minuto, tardé en llegar a sus ojos, subir las escaleras para enterrarme en su ser. No había música, sólo “nuestros besos y te amos”, a veces el amor se rinde con una mirada y se funde en unos labios ardorosos, ella siempre más, supo dar clase y cátedra de besos, licenciada en mis labios, maestra en lenguas (la suya y la mía).

Luego de unos minutos de estar abrazados y locos de felicidad nos miramos con la promesa de no desafallecer y seguimos besándonos, nuestro público ya no eran semáforos o transeúntes, era todo el mundo que nos deseaba felices, o sea nosotros, quién más busca el amor inalcanzable, sabe, que está al otro lado del corazón, donde sin saber encuentras.

Tengo el perfume de sus besos en mi cuello y ella unos mordiscos de locura, pasión y amor con sentido de eternos, nos hemos mirado y oído tantas veces, y sin embargo, la piel extraña la piel, la vida es consecuencia de esos pedacitos, desde que nos vimos hasta ahora el amor crece y no sabe de pequeñeces, se agranda mi corazón y enmudece el alma, ella libre y feliz habla, ríe, baila y ama.

Decir hasta luego es difícil, sabernos enteros en el otro, nos faculta para dar pasos más grandes, con el corazón blindado de amor y la sangre reforzada, nos, s e p a r a m o s.

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Un comentario sobre “Historia de amor, trece de enero

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