Todos los días son trece de enero, o diez.

Recordé un texto, cuando iba en el metro, era sobre una pareja que se llamaba por teléfono y no querían perder la conexión y así de una vez por todas encontrarse, esto sucedió por un largo rato en donde él tomaba tren y luego despertó.

Yo estaba seguro de estar despierto y haber vivido cada uno de los besos que nos dimos, es más, puedo decir, me besaste y mi vida fue otra, un pedacito tuyo se impregnaba más profundo, un recuerdo que vivirá en mi y rememorar hasta viejitos.

La ciencia del beso no existe, porque es química y las chispas en mi corazón eran una corriente alterna, me sentía en otra dimensión, vistes mis ojos llenos de ti, hambrientos de tus besos, además sentías el latir en todo mi cuerpo.

Cuántas veces me sentiste perdido en tu mirada, por segunda vez no podía creerlo, ahí, aferradita a mi alma, un abrazo nos saludo y el mundo alrededor nuestro cambió, no los pude ver, porque nada más que vos importó en todo momento.

Tomabas mis manos y pude sentir que la vida es eso mientras estemos tomados de la mano y aunque el guardia, los administrativos, cajeros y hasta conductores quisieron separarnos, sin embargo al ver cómo nos amábamos en cada gesto, simplemente, c a l l a r o n.


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