Este tema, temazo mejor dicho, está incluido en el gran disco The Dark Side Of The Moon , desde el cual se desprende una joya del rock psicodélico. Disfruten mientras yo escucho y escribo algo, ojalá alucinante, como cuando los conocí, tarde en los años 80’s.

T🕧ME

El tiempo parece ser un millón de cajitas musicales, enanos metálicos desfilando sobre los punteros del reloj, nadie detiene su exhibicionista paso, caen en un precipicio donde el estío los espera, los arregla o descompone según sea su apuro.

Los engranajes pequeños, los engranajes grandes, todos hijos del gran engrane, afilan sus dientes, lustran sus metales dorados, se enfilan por un pasillo al son de los tambores, segundo a segundo, vuelan sus cabezas, ruedan en sus ejes, muerden los minutos que luego fueron horas, el tiempo no sabe de estática.

Un riff metálico cambia el ritmo de su peculiar andar, el poema desintegra la voz y su declamación rima con todo alrededor, conjugados los dolores y el tiempo sin retorno, se desenvuelve un halo en desesperación, no hay reversa, no hay tiempo perdido, no hay devoluciones, la involución afirma su puesto de ventas al mayor.

La letra parece tomar un respiro, o son sus últimos segundos antes de ahogarse en el olvido, volverá el próximo domingo con una pieza instrumental y escucharemos a los grandes de U.K.

 

11:00 a.m.

Vuelvo a escribir, para los que recién abren esta entrada, ahora tratará sobre lo que logro sentir recordando este tema, antes no conocía las palabras y disfrutaba en silencio de esta música, para mi piezas fundamentales del rock psicodélico.

Luces, una sala llena de luces, se disparan entre sí, nadie sobrevive y despedazan las ventanas, los espejos y yo estoy en todo, viajo a través del riff de la guitarra, me deslizo en las ondas, yo no fumo, ellos creo que si, el ambiente nadie lo controla, los miro y les digo, yo no necesito de eso para crear, los escucho y las aves son hojas cayendo de entre mis brazos, me florecen los ojos y miles de lápices apuntan en dirección de mis palabras.

Puedo besar los pasos en el aire y recorrer la sala en donde ellos ensayan, me siento en casa cuando puedo, es como volver al pasado, era toda de madera y la nostalgia nos daba en la frente, el sol era único y podíamos vibrar aún con el sudor recorriendo nuestras mejillas, que si era feliz, el mundo era ese hogar, esos pedazos de madera, el crujido en las tardes cuando es sol se cansaba de jugar con nosotros y nosotros, o esa yo y el sol íbamos a dormir.

Cuando, no era una incertidumbre, podía volver a casa las veces que quisiera, con esta canción o todas y aún me gusta escucharlas por varios días, se repiten en el notebook hasta el hartazgo de los demás, en el auto y en mi mente, puedo reproducir los coros, los ecos y la guitarra solitaria de David, el nuevo, el rookie, el que sin saber cambió el sonido de Pink Floyd, nadie despojó a Syd de la música, en si el era el sonido nuevo y Gilmour tomó el apostolado.

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