Me encontré una diosa en las redes sociales,

ella no lo sabe, estaba dormida cuando la hallé,

esperaba el beso de un Dios o un rey, pero yo la besé,

antes de todo, la desperté con besos cordiales.

Una vez, había y luego fueron miles, todas casuales,

de forma desprevenida sobre su belleza hablé,

agradeció mis palabras, a veces también callé,

fue ahí donde aparecieron sus heridas mortales.

Hablamos de forma escrita esa que sangra caudales,

sobre sus dolores, sus silencios, de nuevo la besé,

sin emitir opinión y arrodillado la mirada bajé,

era una diosa, no lo sabía, eso era demenciales.

Ahora sus pies no tocan la arena ni las sales,

sus heridas mías se curan sin degradé,

desaparecen, cuando ella olvida los comerciales,

una diosa dormida a la orilla, donde la imaginé.

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