Llegaba con los ruidos del incesante convoy, [Martynov y sus violines aguardaban en un puerto USB ], cada estación, frenos, puertas abiertas, salía gente y entraba más, [tú estática por fuera, movías desde el corazón toda la esencia que eres]

En línea recta e imaginaria, atravesaba, los subterráneos inconscientes de esta segunda vez [mientras en la santa estación, tus ojos, contaban las veces que nos besaríamos] y yo tendría los ojos de “no puedo creer que estés aquí, por mi”.

 El tiempo ensordeció mi llegada y escala a escala [¿me pensaste acaso? o también era incredulidad tomasiana recorriendo tus mejillas] apenas vi tu figura recordé que somos cuerpos en la memoria del alma.

[Tus palabras eran exactas para ese momento] “abrázame fuerte amor y no me sueltes”, recordé a “Marina y Ulay” los padres del performance que no se veían en siglos y ni siquiera pudieron abrazarse como nosotros, me sentí afortunado.

Continuará…

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