Llegaron tapados con la chaqueta Armani a su departamento, la puerta apenas abría por las botellas y sobre una mesa pequeña al centro de la sala de estar, un cerro de cocaína, los esperaba, los llamaba, era un grito blanco, un polvo escandaloso y estático. Cerró las cortinas medio abiertas y ya se sentían en casa, en el bar, en ambiente. Un solo error cometieron y como buenos drogadictos pagaron caro esa silenciosa lucidez, se atrevieron a darse un beso, a tomar sus manos y abrazarse, a sentir, creían ser expertos y podían soportar ese perfume pegajoso del amor, aún el alcohol los mantenía lejos, pero, en la medida que la adrenalina del amor llenaba sus venas, comenzaron a vaciarse, a decantar en los pulmones, a botar el exceso de noche y el exceso de mentiras y puestas en escena, se liberaron de la ropa y detrás de eso, habían dos chicos tímidos de amarse, primero temblaron y se volvieron a abrazarse, ahí la dosis de amor los fulminó, el sudor recogía sus antiguos perfumes.

Se miraron sobre la cama, arrodillados, se harían una promesa, un nuevo código, una especie inexistente de vida nueva y las palabras sobraron, los gestos desnudos eran hermosos y brillaban aún en la oscuridad, el sonido de los besos fue eco en sus alma.¡¡ Si tenían alma !!, arrugada, mal trecha y olvidada, temblorosa agonía era la que habían dejado en el bar, una especie de maqueta de vidas On TV. Una palabra, una frase, una esperanza y la vida se haría cargo de ellos. Los arquetipos morían ahí enfrente de ellos y no tuvieron miedo, los dejaron junto a las costosas prendas.

Comenzó un beso a rodear ambos cuerpos, eran peces Koi, buscando el equilibrio entre ellos, luego las bocas y labios fueron libres y volvieron a reconocer los deseos y lloraron mientras despertaban, y se mordían y apretaban, luego los gemidos inundaron esa habitación, ambos en un compás gritaban de amor como en Big Love de Fleetwood Mac y nada en esa sala parecía un error, estaban abriendo los ojos a una nueva droga, una sencilla y delicada droga, nadie temería ser un puto Junkie y menos dos locos drogos. Un orgasmo bañó su piel, sus entrañas, extasiados de tanta hermosa droga, estallaba por dentro, vibraban y cada embestida era un nuevo hallazgo, un estado de locura, nunca más se separaron y hasta sus nietos no creían la vida alocada que llevaban antes de conocerse.

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4 comentarios sobre “Domingo de Pink Floyd – Echoes parte tres y final

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