Esta pieza musical cuenta con varios tiempos o ritmos, nuevamente la suave voz de David Gilmour nos introduce en un mundo completamente onírico y psicodélico.

El bar estaba “de bout en bout” como dicen los franceses, todos querían estar ahí esa noche, los músicos, una banda venida a menos inundaba nuestros sentidos, pero nos hacíamos los sordos e interesantes.

De pronto apareció ella, sacada de una fotografía de Jan Saudek, sus colores tan vivos para una noche donde morirían varios a su paso, se acercaban, rodeaban y asediaban con cigarros y alcohol, con drogas y pastillas, fumó, tomó, se pinchó y tragó un recetario completo. Nadie pudo con su vehemente vida, era la locura misma vestida de ninfa, descendiente de Cleopatra, hija de la noche, Yunkie de catálogo. Descripción; ojos con grandes sombras, sus párpados púrpura con bordes rojos, sus labios Nude, odiaba el rojo, era muy obvio decía, su cabello con violáceos, azabache y un rojo único, el color natural de su pelo. Su figura, unas caderas mortales cubiertas por un ceñido y transparente vestido, lentejuelas sobre sus pezones dejaban al descubierto gran volumen y un pequeño triángulo lograba asentarse en su entrepierna, su trasero era espectacular de cualquier ángulo, un corazón invertido dijo Mickey Rourke.

En un rincón quieto con atmósfera de burdel, una gran butaca de cuero rojo, desteñido y sin algunos de sus botones originales, rodeaba la mesa redonda de vidrio, el humo suspendido sobre sus cabezas y las líneas ordenadas, el mejor whisky, bourbon y otros destilados, todo brillante, como su sonrisa, era una invitación, una pelea, una guerra sin tregua, una muerte segura, nadie se atrevía o mejor dicho nadie sobrevivía, sus rondas se repetían todas las noches, en distintos lugares, ostentaba su descomunal locura, jeringas y cucharas para la cocción perfecta, sus ojos lánguidos engañaban, apenas se vieron la música comenzó un viaje y el séquito de zánganos comensales dió un paso al costado, acercó su cuerpo a la mesa, pasó la lengua por un cerro de cocaína y se sentó.

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Un comentario sobre “Domingo de Pink Floyd – Echoes parte uno

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