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“Nunca nos importó la hora, después de tanto tiempo sin relojes, la vida nos esperaba”

Llegaste con la cordillera en tus ojos y Río Cuarto convertido en columna vertebral, los apellidos de Rivadavia en tus piernas, Cabrera en tus rodillas, llegaste con San Luis en tus hombros y el aire de Mendoza te cubría completamente.

Llegaste con el frío de la entre cordillera y los ojos en la piedra, en el vuelo del cóndor, con un beso de nieve derritiéndose, con tus manos impregnadas de sierras y paradas forzadas, sin dudas venías y con todas las ganas, llegaste toda.

Llegaste antes que yo, con el tiempo en un vestido, en un estreno de baile y el estruendo de la estación, llegaste con la excusa del desayuno y las manos vacías, llegaste conmigo en la boca en mi nombre tu vida y la mía en un beso que aún recuerdo.

Llegaste para irte luego, para besarte a muerte, para buscar tu corazón perdido en el pecho, en mi camisa, tu camisa, no estaba y llegaste con las manos perdidas entre mis ropas, ambos nos perdimos en el tiempo, en los relojes que soñaban con el tiempo de nuestros besos.

Pero llegaste con tanta alegría encendiendo tu alma, que verte, cuando yo llegaba, convirtió en un fuerte abrazo toda nuestra existencia, llegaste justo a mi vida y los relojes se hicieron los segundos tontos y silbaban mientras el cielo era un beso nuestro.

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8 comentarios sobre “Historia de amor, llegaste, trece de enero

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