Hace frío y las balas son más frías en la piel, chocan en la carne y perturban la paz de las células, la sonrisa de los glóbulos rojos son deformadas con violencia, con otra sonrisa, humeante y ese espiral que rompe el aire. El frío nos llama y da consejos de sol, de gasa y alcohol, de vida y escozor. Una gota primera se atreve a entrar y aunque va de salida junto a un río de calor, de malhumorados y adoloridos glóbulos, no piensas en ellos, sigues su corriente y produces un paréntesis. La tierra puede abrir su cama y destapar para ti, para recibir tu vida, antes que duerma, sus sahumerios de hojas podridas produce un calor abrigador. No estás confundido, no estás aún muerto, pero, luego serás vida para otros, los que aún no mueren, los que no siguen tu línea de mando, los menores, los sabios. Se invierte la pirámide y agradecen los comensales.

La seda de tus ropas, los hilos de oro, las hebillas, la correa de cuero, tu sombrero, la bufanda. Una a una esas prendas pasarán a ser el aperitivo, descarnado, vil y hambriento, sin pausas y en tropel, las huestes de la muerte desnudaran tu esencia de asesino para convertirte en un Dead Man, pero, tú no conocerás la celebración de la piel, allá hay un servicio completo y silencioso, una organización celular, microbiotica, los colores no serán disgregados, solos desaparecerán, sin anunciar su muerte, (la muerte de la muerte es vida). No sentirás como destiñen tus lunares, las pecas o alguna herida de guerras pasadas, de infancia, te moverá a su antojo, desde la cabeza hasta el último pedazo de cuero, piel o laceración, como dije antes, no discriminan, en su ecuanimidad, en su justicia, se llevan todo, la economía de escala ellos la inventaron y la aplican para vivir.

Sientes temblores, espasmos, abres la boca y un bullicio viene desde dentro, de la memoria de tu cuerpo, del olvido son hijos y aguardan su momento, se arrastran, se masifican, se escabullen de sus guaridas celulares, son bases y fases en agonía, en juerga, desnudan sus usos, maquiavélicas máquinas deleitan su accionar de espumas y esporas, de tus carnes son ahora dueños y su reino se moviliza en guerra, de la sangre detenida y sus feudos, sus castillos ya no respiran, las torres no caen en el negro proceso a la par dejan entrar la última barca de líquidos funestos, desechos metabólicos en reverberación y el eco se tiñe, se muere, se revuelve, se agota y amontona, el tren se ha detenido y los durmientes vuelcan el contenido grasoso, se reproducen a la velocidad de la muerte, millones de recuerdos toman formas deformes, ya no eres la gota genética de tu familia, eres la especie que da vida en muerte.

Tu cuerpo se va poblando de invisibles caníbales, ellos no invocan a ningún ser superior, en esta guerra sucumbe la hermosura de tus muslos, la firmeza de tus brazos y Dios. Todo es una revolución silenciosa, el apacible cuerpo germina retro vida, es una cámara rápida hacia el pasado de la especie, organismos micro celulares, diminutos, tan pequeños que en un segundo son millones y son feroces. La musculatura cede, se  rompe y abre ante el brillante sable de la muerte. Si pudieras escuchar sus fauces alimentándose, bebiendo, gritando y celebrando en algarabía, honrarías su banquete y por difícil que fuese, compartirías con ellos su festín, su vida y su fin, Te abrirías al oxigeno y su violenta marcha, y del todo surgirías, violáceo, verde estéril y brillante gris. La maravillosa eco evolución de la carne, de la sangre, de tus misterios, de las sombras expuestas y las luces dormidas, del todo ya poco queda.

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3 comentarios sobre “Dead Man

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