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Queridos amigos y amigas, continúa la historia y acá dejo el enlace de la semana pasada para quienes no pudieron leer antes, Soledad, parte uno – http://wp.me/p3iFFk-1k5

Pasaron cuatro largos años en que tu padre escribía vez por semana, con la post data de no respondan porque las cartas se perderán o las devolverán y ustedes pensarán lo peor, nunca quiso abrumarlos y siempre les enviaba vigorosos saludos, además contaba que después de un tiempo se dedicó exclusivamente a reparar todo vehículo motorizado de cualquier unidad que necesitara su ayuda y era feliz, aunque vió partir a muchos y volver a pocos de sus campañas.

Mientras tanto en LLansteffan

Ambos padres salían a recorrer las silenciosas calles de su natal pueblo, cansados, nunca dejaron de mirar hacia el mar y esperar que llegara alzando su mano para alegrarles el corazón y poder respirar al fin el aroma de su cabello, abrazar sus delgados hombros y sentir los huesos hundiéndose en los carnosos padres. Pero nada de eso sucedía y día tras día, desde la playa al correo y luego de vuelta a casa, recordaban cada jugarreta de su hijo, visualizaban que siempre fue una hazaña para esos años, tener un hijo, después de los cincuenta de la madre y los sesenta del padre y que el amor los pilló cuando pensaban en guardarse en sus casas como dos lobos solitarios. Se miran como esos días y retornan a casa sin consuelo, ella prepara té para él, mientras su hombre lee el periódico sin noticias alentadoras para los aliados, revisa el obituario y logra respirar nuevamente, salta las noticias sobre los buenos momentos de su Reino Unido y se entristece por el número de bajas, de repente entre tanta palabrería ve el nombre de su hijo y respira con dificultad, no logra incorporarse y muere sentado plácidamente, su fiel esposa no intuye nada y se dispone con bandeja en mano llevar algo de beber más fuerte junto al té para recordar locuras de no tan jóvenes, al verlo piensa que ha dormido y lo llama como de costumbre, “Deian despierta” se acerca temerosa y al no sentir su respiración ruidosa, suelta la bandeja y un fuerte dolor oprime su pecho.

En el parto perdió mucha sangre su esposa y quedó inconsciente toda la primera noche señor, lo más probable es que no llegué a vivir más allá de la infancia de… señor –  ¿ cómo se llamará vuestro hijo ?, igual que mi padre y yo, respondió, inquieto por esa noticia. Siempre ocultó cualquier por menor a su esposa y de ahí en adelante mimaba a ambos con sus histriónicas puestas en escena, pero también era mayor de edad para andar corriendo sobre los tejados imitando a los gatos en época de cruza y menos pretender ser un perro cazando zorros para las salidas de la primavera, y, aunque de pequeño a Deian hijo le gustaba compartir con sus padres la pesca a orillas de un mar que se escondía siempre que ellos iban, temprano en la mañana y nunca llevaban nada a casa, pero sonrientes a tal punto de llegar a llorar apretándose el estomago del dolor. Eran momentos que quedaban detenidos para siempre, en la memoria de amigos, cercanos y de quienes compartían las partidas de sus hijos a la Gran guerra como llegó a llamarse tiempo después, la única salvedad de ellos es que no vieron a familias destruirse por el hambre y la perdida de sus hijos, no supieron de todas las cartas que detenidas en FerrySide y menos su hijo que siempre les mandaba animosas palabras, también les anunciaba las perdidas pero pedía que no fueran a dar el pésame antes que llegara la correspondencia oficial de la corona.

Continuará…

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Un comentario sobre “Soledad dos

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