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Terminó la guerra

Llegaste feliz e impaciente, las comunicaciones con todo Reino Unido aún no se restablecían, pero que más da, vas a tu hogar, donde tus padres te saben vivos en cada fibra de sus añosos cuerpos y eres más dichoso, también extrañas todos sus mimos y las pellejerías de la guerra las llevas en la mochila, todas tus cartas por positivas que fuesen nunca ocultaron las dispares situaciones vividas y aunque tenían un juramento con los sobrevivientes, jamás ocultaste a tus padres los padecimientos de otros aunque también fueran los tuyos. El momento del encuentro aguardaba a un salto por la arena pegajosa, te habías hecho un fornido muchacho y estarían orgulloso de saberte un gran hombre, con sólo veintitrés años de edad. La guerra había terminado pero te tomó más tiempo del deseado volver a casa, montarías inicialmente en el garaje un taller y luego la suerte diría lo demás, por esfuerzo no te quedabas, la mejor práctica fue en el peor escenario y hasta generales confiaron sus mejores automóviles al cuidado de tus conocimientos y hábiles manos, un oído entrenado decías, esto era ciencia pura cuando tocaba encontrar las fallas, y bien es cierto que la mayoría eran reconstrucciones después de la entrada de alguna que otra bala, por eso estabas orgulloso de la fabricación nacional. Además sabías que tus padres apoyarían en todo lo que fuera relacionado con verte establecido donde toda su familia habían hecho sus raíces.

Todos se bajaron del Ferry y caminaron al encuentro de sus padres, algo hundidos los primeros hasta que encontraron un camino hecho con tablas y así evitar les llegara hasta las rodillas la arena casi pantanosa, estaban igual de alegres, porque esto no tenía nada que ver con la dura vida de trincheras de algunos y menos con las bajas temperaturas en Hungría o Alemania, por mucho que la paz se hubiese firmado en Francia, nadie olvidaba las penurias de los chicos, sin embargo, ellos brillaban camino a tierra firme, pocas familias estaban a la orilla más dura de la ancha playa, había un conjunto de viejos músicos tocando “God Save the Queen”  algo poco afiatados pero con marcialidad que estremecía. A cargo de los jóvenes bajaba de la embarcación un mayor, les daba las gracias en nombre de la corona y aunque él era irlandés igual se veía alegre de estar dando la orden de romper filas, los chicos antes de desarmar filas y sabiendo que se verían todos los días restantes de sus vidas, se amontonaron como jugadores y lanzaron un grito dando gracias a Dios, al rey y a Llansteffan, por ser hijos de esas tierras adoradas. La guerra había impartido clases de patriotismo en jóvenes que con suerte y obligados iban a misa, con rectitud tomaron sus pertrechos y caminaron al encuentro deseado, muchos padres igual fueron con el corazón apretado y la fe de que el deceso de su hijo haya sido un error de tipeo y cosas mal dichas o escuchadas entre tanto barullo de la misma guerra, pero el lamento era mayor cuando comenzaban a dictar las bajas a viva voz y entre ruidos de instrumentos aún terminando el sagrado himno nacional

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2 comentarios sobre “Soledad tres

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