La vi todas las noches entre rejas, se desnudaba pacientemente, como pagando una condena con cada prenda que se sacaba, por supuesto terminaba arrodillada, bajaba el cierre del pantalón del sacerdote de turno y comenzaba a recitar sus confesiones, él, hombre viejo y a acostumbrado a estos ritos, le pedía más y más.

Ella balbuceaba un poco y arremetía con su lengua, labios y la máxima capacidad de su cavidad bucal, y justo entre el límite del ahogo y las náuseas, aparecía la misericordia divina, posaba una mano sobre la cabeza de la penitente, ella se detenía mientras esperaba la lluvia del bastardo, regando todo a su paso, rostro, cabello y pechos, en donde mayormente lucía el resplandor plomizo, efervescente.

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3 comentarios sobre “Concurso, confesiones de un bastardo.

  1. Los bastardos que obligan a arrodillarse bajo secreto de confesión t con falsas promesas.
    Yo les pondría otros nombres… Pero me alargaría demasiado
    Me gustó si hay que votar, dile a poeta que este la bastarda de Marguimargui le da su voto a este relato

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