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La fiesta fue recordada por grandiosa y sencilla a la vez.

El castillo aún en ruinas fue encantador, un escenario apropiado, sus murallas hablaban y los bailes rendían homenaje a esos recuerdos, cada detalle, las flores, las mesas y sus decoraciones, un hermoso conjunto, un cielo diáfano, una luna perfecta, las gaitas animaban la noche, acompañados de tres fiddle por unos virtuosos músicos, arpas y bombardas. Tus padres al centro se miraban eternos y el amor era un color dulce, radiante, ellos eran y fueron un par de chicos afortunados entre tanta desgracia.

Bailaban viejas danzas celtas y sus animosos eventos, recordaban a sus padres y también a los que nadie iba a extrañar, la música apagaba la tristeza y el ensordecedor ruido de la soledad. Una vez que se comenzaron a cerrar las mesas con sus sillas patas arriba, recién comenzaba la vida de casados, tomaron sus manos  y volvieron descalzos a la playa y con el sol apuntando tenue sus rostros, se juraron nunca sentirse solos, de la misma manera caminaron a casa, Llansteffan dormía la hermosa resaca, ellos sin embargo, eran muy jóvenes para beber y muy pequeños para embriagarse, sus miradas cruzaron en andas la puerta principal y como marido y mujer se fueron acercando a la cama, la cama de Deian y un beso fue el prefecto inicio de un día de amor, desabrocharon sus ropas, sus aparatosas ropas, encajes, falsos y más falsos, fajas, ligas y portaligas, camisa, pantalón, zapatos, calcetines. Semidesnudos se miraron con vergüenza y rieron, se unieron en un nuevo beso, esos besos que hacen piel, corazón y deseo donde antes sólo había desazón. Las horas sucedieron lentas, un beso de piel, un beso de alma y el cielo se cerraba con ellos en lo alto, en la luna, con las estrellas y Orión rodeándolos para siempre. Pronto nacerías y eso es otra historia de amor.

Quién lo diría Deian, serías el primogénito y luego tendrías hermanas y hermanos para rodear tu vida y decir a la soledad que jamás te compartirá con ella, heredarías la arena y el río tímido de peces, heredarías los pasos de tu padre en la mecánica y serías su único ayudante, su gran y pequeño hijo, el retrato vivo de tu abuelo y por sobre todo, serías el principio de una vida sin final que la sangre otorga y el amor proporciona.

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