Volé muy lejos, más allá de lo conocido,

por montañas​ del tamaño de un país,

bajo cielos cubiertos de almas,

en busca de las letras que no consigo.

Imaginé la palabra escrita, su contenido

sería suficiente para dos extranjeros,

las sierras llevan nombres de monjes,

en las llanuras besaba el sinsentido.

Amé lo que iba conociendo, advertido

de su naturaleza embriagante,

continué mi periplo errante, los signos

fueron útiles, en mi largo camino.

Junté hojas de papel arroz, mi destino

se tradujo en mil idiomas,

y a mil leguas se oyó de este hablar,

cabía en los corazones peregrinos.

Expandí la palabra de libre albedrío,

dibujando con tintas negras

sagrado nombre universal,

acudió y enseñó su bella forma.

Acordé llevar en silencio sus palabras,

comprimiendo mi alma,

trenzaba mis venas con sabiduría de paz.

Bailaban con sus ancestros

en las ceremonias, alcanzaban

a conocer el sopor de los infiernos.

Unían sus bocas en coros,

agitando las llamas alrededor

mostrando su descontento.

Dibujando en el verde sólo

los colores de su nombre

silenciado hace siglos de oro.

Apareció una vez, máximo decoro

para un iluminado, un Dios terrenal

en los desiertos del alma imploro.

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4 comentarios sobre “Buda

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