El hambre me recuerda
al perro de Pavlov,
soy un galgo sin bozal,
sin entender el porqué
dispuesto a destrozar.

Alguien disfruta,
este experimento, mientras
en mis tripas se estruja
el tiempo. Ensalza con picor,
de dulce y agraz, la previa.

Ya no distingo si esto es bueno,
ciertos demonios como el malhumor,
engendran rabia salival,
parezco encolerizado animal,
a punto de matar por algo de carne.

Por fin son las dos de la tarde, a almorzar.

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Un comentario sobre “Faltan diez minutos

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