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Londres

Sitiada por aire, por barricadas, por la mezquina ayuda de los llamados aliados. Mientras los alemanes transmitían a Marlem Dietrich cantando Lili Marleen, una y otra vez, reían y emborrachaban. Hasta cuando un avezado francotirador lograba dar con los altavoces. Tiempo después el tema “We’ re Gonna Hang Out The Washing On The Siegfried Line” haría una especie de sórdida respuesta final.

La guerra era frío psicológico y silencio ensordecedor de bombas y panzers, los sistemas de defensa no habían funcionado. Las orillas de un país de deshilachaban con cada ola, con cada estruendo del aire, con cada caído en el frío de nieblas interminables. Si había soledad en los corazones, estaba desembarcando en cada porción de tierra rodeada de agua.

Padre e hijo, los Deian, tenían la esperanza que como la primera vez todo estuviera detenido en Llansteffan y al llegar sólo fueran ellos los que habían cambiado. Deain padre hablaba con su hijo y le contaba cada noche de sus vivencias en batalla, de lo triste que fue dejar a sus padres y de ese frío que sólo su madre logro alejar del alma cuando se sintió verdaderamente solo. Así era, la soledad rondaba peor que la muerte, peor que una herida, peor que una bomba despedazando una división completa.

Debían hijo, no alcanzó a conocer a su abuelo, a través de su padre iba formando la figura de un galés, alegre, fuerte y siempre esperanzado en la familia, que él no pudo agrandar más como había soñado desde joven, antes siquiera conocer a la que fuera su esposa hasta ese instante fatal cuando ambos tristemente murieron por no soportar la soledad que siempre siguió de cerca sus vidas.

Mientras tanto en Newport

Esta ciudad presentaba gran destrucción y a medida que se adentraba en pequeños pueblos alejados del mar, podrías pensar en lugares perdidos y sin alcance del violento desembarque. Todo pariente de Anwen que vivió alguna vez en Newport, con certeza había muerto. Llansteffan fue la excepción a esa regla, un experimento de furia y capacidad bélica.

Continuará…

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2 comentarios sobre “Soledad, parte once

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