Puse mis ojos a rodar por sus clavículas,

de derecha a izquierda, un resalto, su mano,

también besé lo que guardaban

sus dedos, uno a uno tranquilamente.

Amé el silencio de su piel, concedido

a mis dedos, a mis labios, a la pasión

de las letras desmenuzando al andar,

las ansias de más, en su hermosa paz.

Navegue por su mentón e imaginé

sus labios en el susurro de un beso inventado,

descolgarme para volver a la imagen,

esta cita silenciosa de usted y mi boca.

Dibujé impactado en su corazón descubierto,

un aplauso cerrado de mis labios apretados,

en el dulce tic tac de un reloj de latidos y sangre,

ahí me quedé haciendo noche en su pecho.

Oré, buscando sus manos, hacer cuentas

en sus lunares, para mi recién encontrados,

llegaban a mi boca como salvavidas,

un ruego se izó puerto de mis esperanzas.

Reíamos junto a tus sombras, la silenciosa

forma de seducir con tu suave respirar,

era un lamento de luz en el escondido vientre,

donde las siluetas simulaban el mar.

A solas su belleza eclipsó mis palabras,

en el mutismo poético aprendí a soñar,

como un ave en otoño, emprendí vuelo

me retiro con el horizonte de sus clavículas.

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2 comentarios sobre “Belleza

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