Toda Inglaterra se desangraba, era un león sin melena, los zarpazos de un oso eran un duro vaticinio de la costosa recuperación del mundo flemático, de la vida normal, de la paz del pasto en las tierras nobles de Gales .

Mientras tanto en los talleres

Habían explotado varios vehículos, en plenas pruebas antes de volver a recorrer los escombros de Londres, Los Deian, como eran llamados entre los soldados, daban todo de su parte y ya imaginaban como agrandar el taller de casa, se había hecho de un renombre en el caos de aceite y engranes, seguían enviando sus cartas manchadas de exceso de trabajo y falta de paños de limpieza. Afuera se pintaba un mundo nuevo, los pubs atendían bajo alarma de bomba y el alcohol lograba disipar en las venas el horror diario. La bohemia era un suicidio de francotiradores enemigos y los cigarros encendidos, un blanco humeante en rojo.

Los días eran noches con algo de sol, humo y ventanas cerradas, la ciudades borrones de artistas que aún no existían, pienso, quién pensará en hacer cuadros de muerte par recordar estas fechas, estos sucesos de odio. La familia se desintegraba y el honor se rompía como miles de banderas.

Los bandos combatían posiciones estratégicas, puentes, túneles y barrios céntricos, el pueblo se preguntaba, ¿ dónde está la reina ? ¿ dónde está su mano misericordiosa ? ¿ cuándo detendrán el terror de los panzers ?. Un río de personas viajaban con la corriente de la guerra, a veces arrinconados y otras encolerizados por la desidia de sus propios soldados, sin embargo, todos estaban perdidos, nada era adelante por tener a alguien dándote su espalda. Podías sentir el cuchillo hundiéndose en la carne de tus hijos, de tus padres, de tus hermanos.

Mientras tanto en Llansteffan

Si había vida era una historia para recordar de dos capítulos atrás, reescribir la soledad de Anwen y sus hijos, hablar de un pueblo detenido en el tiempo. Todo soldado galés dejó en manos de sus viejos la seguridad familiar, aún así, The Deain Auto Shop Co. era el único respaldo para la familia de los Deian.

Días antes del desastre

Continuará…

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Un comentario sobre “Soledad, parte doce

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