Todos los días viernes un recuerdo nos vuelve únicos, una pasarela de palabras construyen imágenes y tratan de acercar lo vivencial, mezclar la magia con la imaginación y llenar los espacios vacíos después de ese día.

Somos un par de horas reproduciéndose, haciendo el amor en frente de la cotidiana incertidumbre de la vida, nuestros segundos sobreviven en sus ojos lectores y esa ávida hambre poética de la esperanza contra toda vicisitud.

Amor, cada día construyo nuestros momentos, les saco el exceso de mármol y cincelo la rústica herida de los meses, ese pulcro instante, arrodillado busco con alegría la forma de nuestros cuerpos. Un mito que confirma el rito.

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