Imaginario de los sentidos tres

Supieran nuestras bocas el andar de los gemidos del cuerpo.

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Historia de amor, un día común, trece de enero

“Los viernes en cualquier parte del mundo son estresantes.”

Nosotros flotábamos entre “pasajeros en trance”,
el día era cálido y nosotros temblábamos de amor,
la pasión se deshacía desde la boca,
lucía sus colores entre las ropas.

Abrazados al todo, volvíamos la mirada
a la loca carrera del último día de la semana,
nosotros llevábamos un año esperándonos,
hasta el tiempo desesperaba apretado entre nosotros.

Caminábamos en nuestro patio de luz,
mientras los cuerdos sueltos, estaban locos,
era el día en que todos morían, por llegar
a sus casas y cambiar de rutina.

Estábamos tan extasiados mirándonos,
éramos tan libres atrapados en nuestros ojos,
quizás ese día el amor cambió de nombre,
se puso una camisa magenta y una falda tubo.

Reíamos de amor, de los nervios, los demás
estaban sonámbulos, aún faltaba para terminar,
nosotros no queríamos empezar,
porque las horas eran una justicia ajena.

Soñé contigo

Si, te soñé (por dónde comienzo)

Soñé que estaba en la habitación de un hotel, pero un hotel modesto, con escaleras de madera y paredes de madera, casi desteñida la pintura pero bien mantenido. Compartíamos habitación, aunque no dormíamos juntos, tranquila, esta historia no va para allá (aún no lo sé). Salía de la habitación y en recepción había un sobre para mi, sin sellos y sin remitente, es más, estaba sin cerrar.

Lo tomo pero ya estoy en nuestra habitación y lo he tomado de la mesita de luz que compartimos. Bajo nuevamente y llego a recepción, están re instalando un cuadro con un texto hermoso, uno de los residentes ha publicado y el hermano de la dueña no lo quería en sus ventanas. Puedo ver la conversación que define el porqué ha de volver a estar a la vista de todos, el esposo ordena su re instalación.

Por último estoy abajo de nuevo y veo a este señor viendo como ponen ese texto en sus ventanas.  No sé por qué razón veo eso, de ahí levanto la mirada hacia afuera. Una calle larga con edificios no tan altos y el cielo me atrapa, unas grandes nubes ocultan el sol por un momento y esa contra luz hace espectacular las vista, pero estoy dentro y la estructura misma no me deja tomar buenas foto con mí celular.

Salgo, en ese segundo al otro extremo de la calle pero mirando hacia el cielo, el mismo cordón de nubes oscurece más aún el cielo, cuando vuelvo mí mirada, las nubes aunque siguen igual ya no ocultan el sol y bueno – pienso, no habrá foto. 

Recién recuerdo que tengo un sobre por abrir, no sé cómo ya estoy sentado en una plaza, supongo una plaza, la sensación de lugar abierto y la paz de estar lejos de la intensidad normal de los ruidos de automóviles y gente caminando siempre apresurados (pero es solo esa sensación, en verdad no sé dónde estoy). Abro el sobre, una esquela con un texto, la letra no es tuya, pero sé que eres tú, luego un papel pequeño, de dulces creo (una clave para mi memoria pienso) y finalmente un set de fotos en blanco y negro.

Mis manos recuerdan la textura rugosa y el respaldo completamente liso (pero este recuerdo lo tengo en mi mente de pequeño cuando veía las fotos en casa de mi hermano) vuelvo a las imágenes y son mujeres todas, vestidas para que estés tranquila, pero eso tú lo sabes, tú las tomaste, son varias fotografías, todas las mujeres en actividades normales, ninguna en pose, son mujeres normales en actividades normales, luego veo la carta y aunque no recuerdo línea a línea, en ella me dices que para escribír hay que vivir y recorrer el mundo y en eso se suponía estábamos.

No te he contado que cuando tuve el sobre en mis manos volví a nuestro cuarto, por eso tengo el recuerdo vivo de las paredes de madera y las escaleras de madera, todo en color celeste pero desteñidos, no sucio. Subo las escaleras, sé que nuestra habitación siempre tenía la puerta abierta y entro, pero ya no estás, es más, hay una señora ordenando, no sé si viene o llegando o se va, lo cierto es que nosotros ya no estamos, y justo venia a darte las gracias por las fotos.

Pero lo mejor es que no creyendo la sucedido, visité todos las habitaciones, piso por piso, pensando en haberme equivocado, pero nada de nosotros, ahí me doy cuenta que es un sueño, despierto, tomo el celular y comienzo a escribir este sueño de domingo por la mañana.

Dónde estás Alicia o Feliz Cumpleaños

Fue hace tiempo cuando “nos conocimos”
En esa época llevaba contados sus poemas
Leía del alma en un blog antes en cuadernos
Inició su camino tecnológico
Zarpó con un poemario al mundo.

Con todas las miradas en sus letras
Un traje hecho para su corazón,
Motivada por la vida y sus hijos,
Poetisa la he de llamar,
Lugares impensados para sus poemas
Embarcó a sus nuevos amigos.

Año a año ha cultivado esta cofradía
Literatos del mundo la respetan,
Ibérica en líneas generales,
Conoció las letras desde pequeña,
Indicio de que sería buena con ellas,
Alicante siempre será su cuna.

 

Para quienes aún no conocen a Alicia Valverde Romero he aquí el enlace a su blog Buenos días princesa. estoy seguro será del agrado de muchos. Para mi sigue siendo una compañera de letras en esta ruta poética.

Animales de caza

Su musculatura está hecha
para dominar las tierras llanas,
las colinas bravas, las orillas frescas
de mar y de agua dulce, sus ganas.

Exhiben sin mimetizar a su presa,
la idea en su mente está clara,
a devorar, a cazar, te harán su pesca,
tu lucha es fiera pero bana.

Xutaponen dos cosas en sus cabezas,
muerte dolorosa y fragmentada,
así reparten el motín sin gresca,
saborean cada gota que mana.

Olor a dulces muertes acechan,
el aire se inflama de la nada,
la nueva víctima queda desecha,
al verlas solitarias y angustiadas.